No presumo de haber vivido unas experiencias escalofriantes a lo largo de mi vida porque estaría mintiendo. No exagero ni me invento historias para tener sobre qué escribir. Desde siempre, ha habido cosas de la sociedad y de la vida en general que me han llamado la atención y que, por lo menos, se merecen una discusión pública.
Hoy quiero tratar la famosa frase: "no pasa nada hasta que pasa". Desde la rotonda mal asfaltada donde se dan cuatro o cinco accidentes al mes, aunque sin fatales consecuencias y que provocan que los vecinos se harten de mandar cartas al Ayuntamiento y al periódico de turno; hasta la casa con grietas que acaba desprendiéndose sin causar, afortunadamente, ninguna víctima mortal ya que los vecinos se habían adelantado a la catástrofe.
Con estos dos ejemplos, me estoy refiriendo a todos esos problemas o circunstancias que se dan en todas las ciudades y localidades del mundo que se saben peligrosas si llegara a pasar algo pero a las que no se pone solución.
¡Qué rápido vienen las quejas y avisos fuera de tiempo! Si tantas desgracias están avisadas... ¿cómo es que siguen ocurriendo? ¿Cómo es que se siguen dando tantos y tantos accidentes en esos tramos donde siempre se avisaba que pasaría algo y gordo? Sinceramente, no lo entiendo.
Este dilema plantea varias conclusiones: o que avisar no significa nada ya que ni ayuda a evitar nada ni soluciona el problema; o que los ayuntamientos son peor de lo que pensamos.
Cierto es que muchas de las quejas ciudadanas tienen eco en el consistorio y se soluciona, de algún modo, el problema que se grita. Sin embargo, si hay tantas desgracias avisadas... ¿por qué continúan sucediendo?
