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Terra
La Coctelera

Hasta que pasa

No presumo de haber vivido unas experiencias escalofriantes a lo largo de mi vida porque estaría mintiendo. No exagero ni me invento historias para tener sobre qué escribir. Desde siempre, ha habido cosas de la sociedad y de la vida en general que me han llamado la atención y que, por lo menos, se merecen una discusión pública.

Hoy quiero tratar la famosa frase: "no pasa nada hasta que pasa". Desde la rotonda mal asfaltada donde se dan cuatro o cinco accidentes al mes, aunque sin fatales consecuencias y que provocan que los vecinos se harten de mandar cartas al Ayuntamiento y al periódico de turno; hasta la casa con grietas que acaba desprendiéndose sin causar, afortunadamente, ninguna víctima mortal ya que los vecinos se habían adelantado a la catástrofe.

Con estos dos ejemplos, me estoy refiriendo a todos esos problemas o circunstancias que se dan en todas las ciudades y localidades del mundo que se saben peligrosas si llegara a pasar algo pero a las que no se pone solución.

¡Qué rápido vienen las quejas y avisos fuera de tiempo! Si tantas desgracias están avisadas... ¿cómo es que siguen ocurriendo? ¿Cómo es que se siguen dando tantos y tantos accidentes en esos tramos donde siempre se avisaba que pasaría algo y gordo? Sinceramente, no lo entiendo.

Este dilema plantea varias conclusiones: o que avisar no significa nada ya que ni ayuda a evitar nada ni soluciona el problema; o que los ayuntamientos son peor de lo que pensamos.

Cierto es que muchas de las quejas ciudadanas tienen eco en el consistorio y se soluciona, de algún modo, el problema que se grita. Sin embargo, si hay tantas desgracias avisadas... ¿por qué continúan sucediendo?

¿Sabrosura mi amol?

Es probable que muchas personas que lleguen a leer esto entiendan a la perfección de lo que hablo. También puede llegar a ser que tras leer el artículo se sientan atraídas hacia el tema que trato y quieran comprobarlo en primera persona. Y también, obviamente, puede resultar que acaben escandalizados cuando lleguen al punto y final.

Como la mayoría de los estudiantes universitarios españoles, yo también he recurrido a Cuba para celebrar que, a fin de cuentas, ya me voy haciendo mayor y toca la jodidamente jodida labor de incorporarse al mundo laboral antes de que el INEM nos atrape entre sus filas (o entre su fila, que es bien larga). Es decir, llegó el viaje de fin de carrera y no fuimos originales, así que, a CUBA.

Quien haya visitado la isla supongo que estará de acuerdo conmigo cuando digo que Cuba, se quiera o no, sorprende. ¿Por qué? Porque nos sorprende ver las pintadas por las paredes de las ciudades donde se sigue celebrando la revolución después de más de 50 años. Porque tener cara de español supone tener que llevar ,obligatoriamente, un surtido de bolígrafos y de jaboncillos en la mochila cada vez que salimos a la calle. Sorprende porque la mejor comida del país no se encuentra en restaurantes para turistas, sino en puestos callejeros situados a modo de ventanas roñosas que te sirven pizzas o arroz frito por pocos céntimos de euro.

Sin embargo, lo que más me sorprendió a mí fueron los cubanos. Los cubanos, para el que no lo sepa, es gente que gana poco, muy poco, pero que, se siente feliz de estar como está. Es gente que se acerca al turista para ayudarle cuando realmente buscan que se dé al revés. Es gente alegre, gente que baila, gente que no aguanta sin oír música de esa que te alegra el alma. Es gente que tarda en reconocer que no viven bien y que no resulta justo que al turista, que se encuentra de paso en su amada isla, se le trate mil millones de veces mejor que al propio cubano.

Cuesta creer que tengan restringido el paso a lugares tan turísticos como Varadero (parada indispensable en el viaje de todo universitario) donde la pulserita del todo incluido nos distingue del resto de los mortales. Cuesta creer que ellos acepten que lo que han vivido toda la vida es lo normal pero que notes cierto aire de esperanza en los ojos. En este artículo no entro a criticar el sistema comunista ni castrista. Ni tampoco quiero poner vuelta al aire a ningún gobernante, sino que hablo de Cuba desde los cubanos.

Ver Cuba es pasear por las calles. Es ver las casas desvencijadas a orillas del camino que llaman carretera. Es ver los colores de esas casas coloniales e imaginarlas cuando aún no tenían peligro de derrumbamiento. Es disfrutar de los Cadillac que pasean por las calles de La Habana y que están dispuestos a llevarnos al fin del mundo por unos pocos pesos convertibles.

 

Cuba es su música, son sus niños, es su comida, son sus playas, son sus calles, pero, sobre todo, Cuba es su gente. Gente alegre que no sabe qué pasará en el futuro. Gente que no se plantea que Fidel se pueda morir. Gente que siempre sonríe y siempre mira a los ojos. Eso es Cuba. Por lo menos me doy por satisfecha por haber conocido una faceta de Cuba que ya me ha enamorado. Una faceta que no reside en la barra libre ni en las discotecas. Una faceta que, como digo, ya me ha enganchado.

Ese o ese Haití

Siempre pagan el pato los mismos. Y no hablamos en este caso de una guerra o de una prueba de bomba atómica en mitad del Pacífico... No, ahora ha sido la corteza terrestre la que se ha encargado de apalear al país más deprimido de América. Ahora se celebra una cumbre de los líderes de los países líderes donde se decidirá qué hacer con Haití. ¿Por qué deciden ellos? Quizás se piensen que los haitianos no son capaces de decidir su futuro. Bien es cierto que son necesarios recursos de países ajenos ya que ellos carecen absolutamente de ello, pero al fin y al cabo, sigue siendo su país, ¿no?

Los ojos occidentales han mirado con una mezcla de horror y de compasión cómo Puerto Príncipe se ha convertido en la meca del pillaje y el rastreo, de las trifulcas y las peleas callejeras por un trozo de pan. También han apartado la vista de las pantallas al ver cómo lanzaban los cadáveres de los que eran rescatados de los escombros al mar o a las fosas comunes. ¿Por qué no deberíamos ver estas imágenes? ¿Acaso nos hacen sentir un poco mal en nuestra acomodada vida? ¿Acaso es mejor no saber a ciencia cierta en qué condiciones se encuentra un país apaleado por los movimientos sísmicos desde hace ya casi dos semanas? Se habla de ética en el periodismo, se habla de deontología... Desde mi punto de vista como estudiante de último año de esta carrera me pregunto: ¿qué es lo que más nos molesta de estas imágenes? ¿La cruda realidad o nuestros remordimientos?

 

La cuestión está ahí para que cada uno se autoexamine. Termino este artículo con una foto. Podría haber recurrido a una imagen impactante. Una imagen donde se vea llanto, hambre, sangre y cuerpos sin vida, pero no. Prefiero terminar con un niño. Con el futuro de Haití, que a fin de cuentas, son ellos. Niños que probablemente no vuelvan a ver a sus padres desde aquel 12 de enero. Porque ellos deben decidir. Deben decidirse.

Un sueño...¿Por qué no?

La cosa ya ha llegado a sorprender.
Unos no quieren ni oír hablar de un "pacto" o un simple diálogo que tiene como finalidad que dejen de morir civiles de a pie, y otros están empezando a plantearse ceder antes las exigencias. ¿Qué está ocurriendo?
No es lo sorprendente el simple hecho de que existan discrepancias entre los grupos políticos dominantes en el país ya que esto ya se daba en la época de la primera constitución verdaderamente nuestra como fueron las Cortes de Cádiz, donde ya se veía un clarísimo límite entre lo que serían los dos bandos de España.
Llaménse liberales y monárquicos, capitalistas y comunistas, nacionales y republicanos, socialistas y populares. ¡Es lo de menos!
Las diferencias ideológicas son naturales, de siempre, y como la propia palabra indica, son ante todo: LÓGICAS.
No siempre se ven las cosas del mismo modo, no siempre las vemos desde el mismo cristal y no siempre calificamos a las mismas personas como buenos y malos. Está claro que dependiendo de nuestro orígen , estado, situación o cualquier otra circunstancia que nos llegue a afectar, nos veremos inclinados hacia un bando o hacia otro, según nos beneficie más o menos o según actúe por unos valores que nos identifiquen más o menos.
Por ello, no es la discrepancia lo que nos debe llamar la atención a estas alturas de la vida, o tan siquiera que leer un periódico u otro, escuchar una emisora u otra puede llevarnos a pensar que estamos viviendo en diferentes países; lo que realmente me hace pensar que en determinados aspectos no estamos tan avanzados como presumimos es el hecho de ver que frente a un problema general que afecta a toda la nación no somos capaces de unirnos, enterrar el hacha de guerra acompañada de nuestras diferencias y enfrentarnos de manera conjunta frente al problema que plantea el terrorismo.
En vez de dedicarnos a buscar los fallos del contrario: que si son muy benévolentes con individuos que están muy lejos de merecerlo, que si cometieron fallos imposibles de solventar... Dediquémonos en cuerpo y alma a buscar una posible solución que de una vez por todas pueda borrar de la historia de nuestro país el lastre del terrorismo.
Sé y soy consciente de que plantearlo de este modo es realmente utópico y con ello puedo añadir que imposible. Años de diferencias, con guerras incluidas no podrán olvidarse así como así, pero personas tan supuestamente preparadas como son considerados los políticos capaces de llevar a cabo labores como crear el Presupuesto General del Estado año tras año, proponiéndoselo, podrían avanzar de manera eficaz y progresiva hasta lograr un fin tan soñado como es el cese de bandas armadas con fines terroristas en nuestro territorio.

Todo está pensado

Estuve buscando un tema interesante sobre el que tratar en el próximo artículo de este blog, y la verdad es que debo confesar que apareció casi solo.
Fue durante una clase de Economía hace un tiempo cuando las explicaciones del profesor me hicieron caer en la cuenta de que todo...todo está meticulosamente estudiado.
Específicamente, era usada una de las multinacionales más conocidas a nivel mundial, y no nos estamos refiriendo a otra...sí, es Mc Donalds.
Resulta que aunque no hayamos caído en la cuenta y realmente estemos pensando que simplemente vamos a este restaurante para pasar el rato relajadamente, es decir, una actitud espontánea, lo que realmente estamos haciendo es encaminarnos a una serie de pasos que han sido meticulosamente analizados con el fin de beneficiar a la franquicia. Parece complicado pero explicado no lo es tanto.
Para comenzar, el hecho de nuestra supuesta "libertad". Pensamos que somos "libres" eligiendo el restaurante, el sitio...Ya que en este tipo de establecimientos el hecho de que no dependas de un camarero que te vaya sirviendo uno a uno los platos sino que dispones de tu comida desde un primer momento para pasar posteriormente a la elección de la mesa nos hace sentirnos un poco más libres(todo dentro de unos límites).Pero esto no es ni cercanamente cierto.
En primer lugar, todas las mesas han estado estudiadas, nada es por casualidad.
En segundo lugar, los asientos están hechos de una manera determinada para ser incómodos para los clientes y por ello hacer que las mesas vayan cambiando de dueño rápidamente y por ello, aumente el número de clientes.
Después, la decoración del restaurante...son colores incómodos que también colaboran con la acción de "echar" al cliente por crear un clima de incomodidad. En otros restaurantes pensados para agradar al cliente, restaurantes de otro tipo al que estamos analizando, el decorado es totalmente diferente: colores suaves, asientos confortables, música relajante...
Si olvidamos la decoración de estos restaurantes de comida rápida y nos fijamos en los alimentos que ofrecen al público encontraremos cosas tan curiosas como el hecho de que la hamburguesa es más grande que el pan que la soporta para dar la impresión de más comida y saciar así al cliente, o el hecho de que la herramienta con forma de pala que se utilice para coger las patatas de la freidora y servirlas en los cartones sea triangular para dar la sensación de que hay más patatas de las que en verdad hay.
También otro dato curioso como es que estos restaurantes de comida rápida al encargar la ensalada que posteriormente sirven al público, lo hacen pidiéndola en porcentajes de colores, ya sea un 20% de rojo, un 45% de verde, un 5% de morado y un 30% de verde oscuro. En este caso nos damos cuenta de que con tal de que se cumplan los porcentajes cromáticos que creen agradarán más al público consumidor(también estos datos han sido analizados por expertos, sin lugar a dudas)poco les importa los nutrientes que aporte la ensalada que se forma después, con tal de que resulte atractiva para el público.
Sinceramente, me da rabia pensar que todo esté tan analizado, y que la espontaneidad haya sido arrinconada en un lugar tan inaccesible que no podamos alcanzarla.
¿Qué optimismo nos queda?Si todo está tan examinado, estudiado; si todo el mundo sabe de qué modo vamos a actuar o qué factores lograrán alcanzar el objetivo que prentenden conseguir en nosotros...¿qué hay de la libertad personal e individual?
Desde mi punto de vista, que ya podemos considerar en cierto modo profesional, ¿por qué en un mundo tan espontáneo, tan natural como es la comunicación entre personas(ya no hablo de los medios de comunicación donde la información que recibimos está cada día que pasa más mediatizada) no podemos dejar que fluyan los impulsos?
Por último, una reflexión personal con la que intento haceros pensar: todo el esfuerzo que se utiliza para elaborar esos múltiples perfiles sobre las preferencias de cada sector de la sociedad, según su edad, sexo, clase social... ¿no serían más útiles para causas miles de veces (por no decir, millones) más importantes como la erradicación de enfermedades que se cobran diariamente tantas vidas o para acabar finalmente con el hambre que azota de tal forma tantas zonas del mundo? Espero haberos hecho pensar y por lo menos reflexionar sobre el tema ya que creo qua vale la pena.

¿Marketing o arte?

Diversos spots publicitarios cuya sintonía o canción representativa llamaba la atención por su particularidad han puesto contra las cuerdas a numerosos artistas consagrados al mundo de la música por la cantidad de ventas, descargas y popularidad que han conseguido en un breve periodo de tiempo
¿Quién no conoce el ya archifamoso "Amo a Laura"? Para el consumidor puede ser una canción graciosa que no tarda en descargar a su móvil como sintonía, pero para un artista del panorama musical puede llegar a ser realmente frustrante que una canción que la única finalidad que tiene es llamar la atención de un público, a su vez, ya acostumbrado a todo tipo de campañas publicitarias venda mil copias más que su último disco que le ha conllevado un año de arduo trabajo.

3,2,1...acción

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